Los accidentes en instalaciones térmicas son poco frecuentes, pero cuando ocurren suelen estar relacionados con fallos de mantenimiento, presión o roturas en elementos críticos del sistema. Un reciente incidente ocurrido en Málaga vuelve a poner sobre la mesa la importancia de trabajar siempre bajo protocolos estrictos de seguridad.
Un instalador herido tras la explosión de una caldera
Un trabajador resultó herido con quemaduras tras producirse una explosión en la sala de máquinas de un hotel en Torremolinos (Málaga). El aviso a los servicios de emergencia se produjo alrededor de las 8:35 de la mañana, cuando se alertó de que un operario había sufrido heridas mientras trabajaba en la zona de calderas de un establecimiento hotelero situado en la calle Salvador Allende.
El accidente se originó cuando reventó una de las tuberías de vapor de una caldera de agua caliente, provocando quemaduras al trabajador. Tras el incidente, el herido fue atendido por los servicios sanitarios y trasladado al Hospital Regional de Málaga.
En el operativo intervinieron efectivos del 061, bomberos, Policía Local y Policía Nacional, y el caso fue comunicado a la Inspección de Trabajo para investigar las causas del accidente.
Según fuentes del sector, el instalador contaba con carné profesional RITE, lo que demuestra que incluso técnicos cualificados pueden enfrentarse a situaciones de riesgo cuando se trabaja con instalaciones térmicas de alta presión.
Qué riesgos existen en una sala de calderas
Las salas de calderas concentran varios factores de riesgo para los profesionales de climatización y mantenimiento:
1. Presión interna del sistema
Las calderas trabajan con agua a alta temperatura y presión. Una rotura en una tubería o válvula puede provocar una liberación brusca de vapor.
2. Vapor a alta temperatura
El vapor puede superar fácilmente los 100 °C, por lo que cualquier fuga puede causar quemaduras graves en segundos.
3. Fatiga o deterioro de componentes
Tuberías, juntas o válvulas sometidas a ciclos térmicos constantes pueden deteriorarse con el tiempo.
4. Manipulación durante mantenimiento
Muchas incidencias ocurren durante revisiones o intervenciones técnicas, cuando el sistema puede no estar completamente despresurizado.
Lecciones para instaladores y mantenedores
Este tipo de incidentes recuerda varias normas básicas que todo instalador debería seguir:
1. Respetar siempre el protocolo de seguridad del fabricante
Las asociaciones del sector recuerdan que es imprescindible seguir las normas técnicas y recomendaciones del fabricante para evitar accidentes.
2. Verificar presión y temperatura antes de intervenir
Antes de trabajar en una caldera o circuito térmico es fundamental comprobar:
- presión del circuito
- temperatura del agua
- válvulas de seguridad
- correcto aislamiento del sistema
3. Realizar mantenimiento preventivo
Las roturas de tuberías suelen estar relacionadas con:
- corrosión interna
- fatiga térmica
- defectos en soldaduras
- sobrepresión del circuito
Un mantenimiento periódico reduce significativamente el riesgo.
4. Utilizar EPIs adecuados
En trabajos en salas de calderas es recomendable utilizar:
- guantes térmicos
- protección facial
- ropa de trabajo resistente al calor
- calzado de seguridad
Seguridad en instalaciones térmicas: una responsabilidad del sector
Las instalaciones térmicas en edificios están reguladas en España por el RITE (Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios), que establece requisitos para instalación, mantenimiento y seguridad.
Cumplir la normativa no solo es una obligación legal, sino también una forma de proteger la seguridad de los profesionales y de las instalaciones.
Para los instaladores, el mensaje es claro:
las calderas son equipos seguros cuando se instalan y mantienen correctamente, pero una pequeña avería en un sistema presurizado puede convertirse en un accidente grave.
Conclusión
El accidente de Torremolinos es un recordatorio para todo el sector de la climatización y la fontanería: la seguridad debe estar siempre por delante de la rapidez o la rutina.
Trabajar con calderas implica manejar presión, temperatura y energía acumulada, tres factores que exigen experiencia, protocolos claros y mantenimiento constante.
Porque en este oficio, muchas veces la diferencia entre una intervención rutinaria y un accidente está en un detalle técnico que se pasa por alto.